En el mundo del freelance y el trabajo por cuenta propia circula un error de cálculo muy caro: confundir facturación con sueldo. Alguien que factura 3.000€ al mes como autónomo no gana 3.000€. De hecho, puede que gane menos que un asalariado con 28.000€ de bruto anual.
Nadie te lo explica cuando te das de alta. La gestoría te ayuda a presentar los modelos, pero nadie te sienta a hacer los números antes. Y esos números tienen sorpresas desagradables.
Vamos a hacerlos.
Los cuatro agujeros por donde se escapa el dinero
Cuando eres autónomo y facturas 3.000€ al mes, antes de que ese dinero sea tuyo pasan cuatro cosas:
1. Los gastos deducibles. Material, software, gestoría, suministros proporcionales, teléfono, formación, seguro de responsabilidad civil. Si no tienes gastos significativos, pagas más. Los que tienen gastos deducibles relevantes pagan bastante menos de lo que parece.
2. La cuota de la Seguridad Social. Desde 2023 los autónomos cotizan por tramos de rendimiento neto. Con ingresos de 3.000€/mes y gastos moderados, la cuota ronda los 350-400€ mensuales. 4.200-4.800€ al año que salen sí o sí, factures lo que factures.
3. La retención de IRPF en facturas. Si facturas a empresas, aplicas el 15% de retención (7% los primeros tres años). Ese dinero no es tuyo — lo retiene tu cliente y lo ingresa en Hacienda por ti. Si facturas a particulares, no hay retención... pero sí hay que hacer el pago fraccionado trimestral.
4. El pago fraccionado trimestral. Cada tres meses, si facturas a particulares o si la retención de tus clientes no cubre el impuesto estimado, pagas el 20% de tu beneficio neto del trimestre a Hacienda. Esto es el Modelo 130 y muchos autónomos nuevos lo descubren tarde.
Facturación: 3.000€/mes · Gastos: 400€ · Retención 15%
Estimación. El resultado real depende de tus gastos, retenciones y tramo de cotización.
El susto del trimestre: la trampa que engancha a los nuevos autónomos
Hay un patrón que se repite demasiado: alguien se da de alta, empieza a facturar bien, gasta según lo que ve entrar en la cuenta y al llegar enero de la declaración anual descubre que debe 3.000, 4.000 o más euros a Hacienda.
No es un error de Hacienda. Es que el autónomo gastó dinero que no era suyo.
El IRPF es un impuesto anual, no mensual. Durante el año vas acumulando obligación fiscal en función de tus ingresos. Si facturas a particulares, haces el pago fraccionado cada trimestre — pero es solo una estimación, no el impuesto definitivo. En enero, cuando presentas el IRPF anual, se ajusta todo.
La solución que todos los autónomos veteranos aplican: crea una cuenta separada y mueve a ella entre el 25% y el 35% de todo lo que entra. Ese dinero no es tuyo — es de Hacienda y de la Seguridad Social. Así nunca llegas a un trimestre o a enero con la cuenta vacía y una deuda que no esperabas.
El nuevo sistema de cotización por tramos: lo que cambió en 2023
Hasta 2023, los autónomos cotizaban por la base que elegían — y la mayoría elegía la mínima. El resultado: décadas de cuotas bajas que luego se traducían en pensiones de 700€ al mes.
Desde 2023, el sistema cambió radicalmente. Ahora los autónomos cotizan según sus rendimientos netos reales. Si ganas más, cotizas más. Si ganas menos, cotizas menos. Las cuotas van desde 200€/mes para los que ganan poco hasta 530€/mes para los que más ganan.
Hay una regularización anual: si durante el año cotizaste en un tramo inferior al que correspondía a tus ingresos reales, la Seguridad Social te pasa la diferencia. Si cotizaste de más, te devuelven.
El sistema es más justo que el anterior, pero requiere que estimes bien tus ingresos anuales al principio del año para comunicar el tramo correcto y evitar sorpresas en la regularización.
Cuándo ser autónomo sí merece la pena financieramente
Con todo lo anterior, ¿ser autónomo tiene sentido? Depende de una ecuación que muchos no hacen antes de dar el paso.
Si como asalariado cobras 30.000€ brutos (unos 2.000€ netos al mes), necesitas facturar aproximadamente 3.200-3.500€/mes como autónomo para quedarte con el mismo neto después de cuota, gastos e IRPF. Si facturas más que eso, el autónomo gana. Si facturas menos, pierdes.
Además, el autónomo tiene algo que el asalariado no tiene: los gastos deducibles. Si tu gestoría, tu ordenador, tu teléfono y parte del alquiler de tu casa son gastos de negocio legítimos, estás reduciendo la base imponible y pagando menos impuestos. Bien gestionado, esto puede valer 2.000-4.000€ al año en ahorros fiscales reales.
El autónomo también asume riesgos que el asalariado no tiene: sin paro, con cotización más cara, sin convenio que le proteja. Esos riesgos tienen que estar reflejados en la tarifa que cobras. Si no los has incluido, estás trabajando más barato de lo que crees.